EE UU reactiva la presión sobre Maduro ante el bloqueo en Venezuela




Mike Pompeo asegura en la frontera que Washington usará “toda vía económica y política” contra el régimen.

La presión de Juan Guaidó sobre Nicolás Maduro tiene un motor que la mantiene viva: el respaldo de Washington. Y detrás de la grave crisis que sufre Venezuela hay un símbolo: la ciudad colombiana de Cúcuta, por donde cada día transitan miles de migrantes que huyen en busca de oportunidades. Hasta la frontera viajó este domingo el secretario de Estado de EE UU, Mike Pompeo, tras una gira por Sudamérica. Prometió recurrir a todas las opciones políticas y económicas para debilitar al régimen e instó al Gobierno venezolano a abrir todos los puentes y las fronteras.

La visita buscaba redoblar el cerco internacional al chavismo, que pese a la asfixia económica sigue en el poder. Han pasado casi tres meses desde que Guaidó lanzara su desafío al sucesor de Hugo Chávez. Sin embargo, al menos por el momento el plan del presidente de la Asamblea Nacional, reconocido como mandatario interino por más de 50 Gobiernos, no ha logrado los efectos esperados. Nicolás Maduro sigue en el palacio de Miraflores y no ha perdido el control de las Fuerzas Armadas.

Las movilizaciones contra el Gobierno continúan, pero la población acusa un desgaste cada día mayor, agotada por los continuos apagones y los cortes de suministro de agua. Cúcuta fue precisamente el escenario de una operación que, el 23 de febrero, supuso un punto de inflexión en el enfrentamiento entre los dos dirigentes. El intento fallido de introducir a través de la frontera material médico y suplementos nutricionales obligó a Guaidó a improvisar un plan b.

No obstante, cientos de toneladas de esas ayudas continúan atascadas cerca del puente de Tienditas. Maduro las sigue rechazando, aunque hace semanas aceptó la cooperación del Comité Internacional de Cruz Roja (CICR). La alternativa de Guaidó consiste en no ceder. “Me atrevo a convocarlos a que sigamos juntos en las calles hasta lograr nuestra libertad”, pidió ayer a sus seguidores. Sus llamamientos, no obstante, necesitan un contrapeso también en el tablero internacional. Sus principales aliados son Estados Unidos y Colombia, que ha acogido a 1,2 millones de venezolanos en los últimos años de un total de casi cuatro millones de migrantes, según el Banco Mundial.

Estos dos países, enfatizó durante su visita el secretario de Estado, “quieren un futuro mejor para los venezolanos”. “Pero antes que eso la usurpación de Maduro debe terminar. EE UU continuará utilizando toda vía económica y política a nuestra disposición para ayudar a los venezolanos, a través de sanciones, cancelaciones de visas. Nos comprometemos a que el régimen y aquellos que lo mantienen en pie se hagan responsables por la corrupción y la represión de la democracia”, aseguró.

La Administración de Donald Trump ha desempeñado un papel central desde el día de su proclamación. Varios analistas coinciden en que Guaidó, que fue despojado de inmunidad parlamentaria a principios de mes, no ha sido detenido por la potencial amenaza que representa Estados Unidos. Washington ha jugado con la idea de una intervención militar, una vía apoyada por un sector de la oposición venezolana, aunque ha limitado esa hipótesis a una escalada verbal.

Pompeo se reunió con el presidente Iván Duque y los representantes de Asamblea Nacional en Colombia, encabezados por Humberto Calderón Berti y Julio Borges. Visitó un centro de asistencia y conoció el Puente Internacional Simón Bolívar, el principal puesto fronterizo entre los dos países. Dijo en declaraciones a los medios que el recorrido fue “increíblemente conmovedor”. Habló del caso de Geraldine, una mujer venezolana que vive entre San Antonio y Cúcuta, y parafraseó a Ronald Reagan, que en 1987 pidió a Mijaíl Gorbachov que acabara con el Muro de Berlín, para exigir que el régimen chavista vuelva a abrir todas las fronteras y permita el paso de las ayudas: “Usted puede terminar esto hoy”. Algunos militares que dieron la espalda a Maduro, desertaron y ahora aguardan su futuro en un limbo también se acercaron hasta allí, pese a todo, para mostrar su apoyo.

“Hoy celebro que una vez más se ratifique el compromiso que tenemos entre nuestros países para hacer todos los esfuerzos necesarios para el restablecimiento de la democracia, de la libertad y el orden institucional en Venezuela”, agregó Duque. El objetivo de Washington es, en definitiva, mantener la presión diplomática y económica, a pesar de que las sanciones impuestas a PDVSA, la petrolera estatal, aún no hayan repercutido en el funcionamiento del sector. La emergencia de Venezuela se ha convertido en una crisis regional sin precedentes que también preocupa a EE. UU. El impacto del éxodo se siente sobre todo en las comunidades fronterizas.

“Es un desafío humanitario y de desarrollo sin precedentes para la región. Afecta no solo a los migrantes que se ven obligados a abandonar sus hogares, sino también a las comunidades que de forma generosa los reciben”, manifestó esta semana Axel van Trotsenburg, vicepresidente del Banco Mundial. El organismo acaba de conceder al Gobierno colombiano 31,5 millones de dólares para la mejora de los servicios sociales destinados a los venezolanos, mientras Estados Unidos ya ha inyectado 213 millones y el pasado miércoles anunció otros 60. Duque presentó también este domingo un paquete de medidas para paliar el impacto del flujo migratorio. El éxodo de venezolanos se ha convertido en el principal frente de su mandato, que empezó el pasado agosto, al igual que ocurre en otros países de la región como Perú o Ecuador. Representantes de esos Gobiernos analizarán el lunes en Santiago de Chile las próximas acciones para tratar de forzar una salida de Maduro en la cita del llamado Grupo de Lima.

El País

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