Rusia pone a prueba su capacidad para desafiar a EE UU con la explotación de hidrocarburos en el Ártico




El Kremlin trata de desarrollar sus planes de extracción y exportación de petróleo en el Polo Norte pese a las sanciones de Occidente.

Las sanciones occidentales dificultan las nuevas explotaciones de hidrocarburos, que son clave en el desarrollo económico de Rusia. Para no demorar sus ambiciosas metas de extracción y exportación de petróleo y gas en la región del océano Ártico y en sus profundidades, Moscú necesita de la cooperación tecnológica y financiera internacional.

Los representantes rusos suelen restar importancia al efecto de las sanciones impuestas por EEUU, la UE y otros Estados occidentales a partir de 2014 en respuesta a la política del Kremlin de anexión de Crimea e intervención en Ucrania. Más aún, el presidente Vladímir Putin las valora como un estímulo para la propia industria rusa. Sin embargo, en el Foro Internacional del Ártico, celebrado el 9 y 10 de abril en San Petersburgo, algunos funcionarios de alto nivel reconocieron que las sanciones causan problemas al desarrollo del sector de hidrocarburos en el Ártico.

Acumuladas a lo largo de varios años, las sanciones han restringido el acceso de Rusia a los mercados financieros internacionales y vetan la exportación de equipos y tecnologías para las explotaciones rusas de hidrocarburos, especialmente para la perforación y extracción en el fondo del Ártico.

En respuesta a las sanciones, Rusia inició una política de sustitución de las importaciones con sus propios productos, que abarca todas las ramas de la economía. Los efectos de las sustituciones varían según las características de cada sector.

En el ámbito del gas y el petróleo la proporción de equipo importado por Rusia descendió de un 60% a principios de 2015 a un 52% a fines de 2017, según datos ministeriales rusos. Sin embargo, entre los proyectos más dependientes de la importación de tecnología están los relacionados con la compleja y arriesgada explotación de los hidrocarburos en el fondo del profundo y helado Ártico.

Al sustituir un producto extranjero por otro ruso, hay que distinguir entre el “metal” y el “relleno” o “contenido intelectual”, (los programas de funcionamiento del equipo), subrayó en San Petersburgo Kirill Molodtsov, asesor del jefe de la Administración del presidente Vladímir Putin y ex viceministro de Energía.

Refiriéndose a las plataformas para la extracción de hidrocarburos en el fondo del Ártico, Molodtsov manifestó que “si se trata de metal” Rusia– “con dificultades”– puede “probablemente” construir en su territorio “hasta el 70%” de las estructuras requeridas en 2025. Pero si se trata del “relleno”, matizó, hay que recurrir a “la cooperación”, aconsejó.

El objetivo ruso es extraer y transportar hasta 80 millones de toneladas de hidrocarburos por la Ruta Marítima del Norte por el Ártico (SMP en sus siglas en ruso) para 2025 (en 2018 se transportaron 20 millones de toneladas). Existen pronósticos aún más ambiciosos, de una media de 120 millones de toneladas anuales y hasta de 140 millones, explicó el alto funcionario. Estas cifras, precisó, corresponden a yacimientos en la zona occidental del SMP que han comenzado a explotarse o se explotarán en el marco de proyectos ya existentes.

Falta de plataformas de exploración

El problema, explicó Molodtsov, viene cuando se trata de la parte oriental de la Ruta Marítima del Norte por el Ártico (más fría e inaccesible y con mucho menos infraestructura que la parte occidental) y de la falta de plataformas de exploración. Para perforar el número de yacimientos programado en la zona oriental del Ártico ruso “se necesitan unos 30 años”, afirmó el funcionario, según el cual para reducir ese “dilatado periodo” a 15 o 10 años, hay que construir plataformas como las existentes ante las costas la isla de Sajalín (dos en el mar de Ojotsk) o en el yacimiento de Priraslomnoe (una en el mar de Bahrens), afirmó. Estas plataformas, sofisticadas estructuras para extraer combustible del fondo del mar, fueron construidas con tecnología extranjera. En el caso del mar de Ojotsk las transportaron por mar desde Corea del Sur y en el de Priraslomnoe, la parte superior de la plataforma, escenario de una atrevida protesta de Greenpeace en 2013, procede de una instalación comprada de segunda mano en Noruega.

En la actualidad, en los astilleros rusos hay más de un centenar de pedidos de buques especializados en el transporte de combustibles y la navegación por el Ártico, explicó Molodtsov.

Entre las cuestiones básicas para estos encargos, además de los plazos de entrega, está el nivel de la alta tecnología (el “relleno”) que ofrecen los astilleros rusos y sus costes en relación a los de otros países como Corea del Sur. Desarrollar la capacidad de construcción naval necesaria para el sector de hidrocarburos en el Ártico llevará a Rusia un “mínimo” de 15 años, en opinión de Molodtsov. Según el presidente Putin, la flota ártica de Rusia tendrá un mínimo de 13 rompehielos, de ellos 9 atómicos, de los cuales tres están siendo construidos en San Petersburgo.

Además de desarrollar sus propias tecnologías, Rusia ha explorado alternativas a la producción occidental en otros países como China o Corea del Sur. Los resultados son condicionados por el temor de los productores de tecnología a entrar en conflicto con la administración estadounidense. En comparación con Bruselas, Washington tiene una política de castigo a Moscú más ramificada, más imprevisible y más dañina para los infractores.

Tras defender a ultranza el sistema de gasoductos, Rusia se incorporó (a partir de la explotación de los yacimientos junto a las costas de Sajalín) al mercado global del gas licuado, donde, según el ministro de energía Alexandr Novak puede lograr el control del 30% al 40% del suministro.

En 2018 Rusia produjo 27 millones de toneladas métricas de gas y para 2035 espera hasta 140 millones de toneladas. El 83% del gas ruso procede de su zona ártica, donde se concentran depósitos de 53,4 billones de metros cúbicos de ese combustible.

“Notamos la presión de las sanciones”, admitió Novak, según el cual los esfuerzos por “realizar nuestras posibilidades de producir tecnología rusa de obtención de gas y el equipo tecnológico básico” pueden dar “resultados definitivos” en el “plazo de 5 a 7 años”. “Ya podemos producir tecnologías críticas y lo que no podemos (hacer) lo haremos en el futuro próximo y aprenderemos a hacerlo. A esto nos empujan nuestros socios que ahora trabajan activamente para que no le suministren tecnologías modernas a Rusia”, manifestó.

“En el Ártico más tarde o más temprano uniremos el mercado europeo y el asiático en un abastecimiento a lo largo de todo el año”, dijo, por su parte, el ministro de recursos naturales y ecología Dmitri Kobylkin. Y siguió: “en las turbulencias geopolíticas actuales, estamos obligados al transporte marítimo y no queremos que en estas relaciones mercantiles se inmiscuyan países que no desean que nos dediquemos a esto”.”Nuestro corredor marítimo es nuestro Artico”, afirmó.

Por la SMP han circulado ya más de diez millones de toneladas de gas licuado extraído en la península rusa de Yamal por el consorcio formado por Novatek (compañía rusa no estatal), la francesa Total, la china CNPC y el fondo “La Ruta de la Seda”. Novatek, el socio mayoritario, quiere vender parte de sus acciones para seguir invirtiendo en el proyecto. Total es el único accionista occidental en la explotación de Yamal. Tras las sanciones occidentales a Rusia, la compañía francesa vendió a Gazprom (la compañía de gas controlada por el Estado ruso) su participación en otro consorcio, que había sido fundado para explotar el gigantesco yacimiento de Stockman (en el mar de Barents). La explotación de Stockman, dirigida por Gazprom, ha sido retrasada por lo menos hasta 2025 y no se reanudará hasta que los precios del gas la hagan rentable.

A la pregunta de si se pueden esperar socios norteamericanos en los proyectos rusos en el Ártico, Kirill Dmítriev, el director del fondo de inversiones directas de Rusia, respondió negativamente. “Tal vez se puede esperar a socios de Oriente Próximo o asiáticos”, dijo. Dmítriev, quien no obstante opinó que volverán “los tiempos cuando otras compañías y la misma Rosneft (compañía petrolera estatal que junto con Gazprom tiene responsabilidades especiales en el Ártico) continuarán trabajando activamente con los socios norteamericanos”. Y no será a largo plazo, pronosticó, alegando que el gas ruso es más barato que el norteamericano.

El País

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